1La Tierra como un Imán Gigante
¡Imagina si todo el planeta Tierra fuera un imán gigante! Bueno, en cierto modo, lo es. Nuestro planeta tiene un Polo Norte y un Polo Sur, y entre ellos fluye un campo magnético invisible. Mientras que los humanos necesitamos una brújula metálica o un GPS de smartphone para orientarnos, muchas aves nacen con un sistema de navegación de alta tecnología ya incorporado en sus cuerpos. Algunas especies, como el charrán ártico, viajan más de 40,000 kilómetros cada año. Vuelan a través de nubes espesas y sobre océanos sin rasgos distintivos, ¡pero casi nunca se pierden porque pueden sentir la atracción del propio planeta!
2Viendo con Super-Ojos
Los científicos creen que las aves no solo sienten el campo magnético, ¡sino que podrían verlo! Dentro del ojo de un ave hay proteínas especiales sensibles a la luz llamadas criptocromos. Estos diminutos sensores reaccionan al magnetismo de la Tierra, posiblemente creando un brillo azulado o un patrón oscuro sobre la visión del ave. ¡Es como si llevaran puestas unas gafas de realidad aumentada de alta tecnología que les muestran exactamente dónde está el Norte! Este compás interno es tan sensible que puede distinguir entre el ecuador y los polos solo por el ángulo de las líneas magnéticas que llegan al ojo del ave.
3El Equipo de Viaje Definitivo
Aunque el sentido magnético es su "arma secreta", las aves son viajeras expertas que utilizan todas las herramientas disponibles. Durante el día, siguen la posición del sol. Por la noche, observan los patrones de las estrellas, muy parecido a como lo hacían los antiguos navegantes. También tienen una memoria increíble para los puntos de referencia; pueden reconocer ríos específicos, cordilleras e incluso el olor de su bosque natal a kilómetros de distancia. Al combinar su brújula magnética incorporada con estas otras pistas, las aves pueden regresar al mismo árbol de anidación año tras año, incluso después de viajar a la mitad del mundo.