1La Pequeña Olla a Presión
Dentro de cada grano de palomitas hay una diminuta gota de agua rodeada por un círculo de almidón suave y húmedo. ¡Piensa en la cáscara dura del grano, llamada pericarpio, como una olla a presión biológica! Cuando calientas el maíz a unos 180 grados Celsius (355 grados Fahrenheit), esa agua interna se convierte en vapor. Como la cáscara es tan resistente, el vapor no puede escapar, y la presión aumenta hasta unas masivas 135 libras por pulgada cuadrada. Finalmente, la cáscara llega a su límite y explota, ¡volcando el interior del grano y esponjando el almidón blanco en el delicioso bocadillo que amamos!
2Un Bocadillo a Través de las Eras
Las palomitas no son solo un postre moderno para el cine; ¡son uno de los bocadillos más antiguos del mundo! Los arqueólogos en Perú encontraron granos de maíz antiguos que tienen más de 7,000 años, lo que demuestra que la gente ha estado haciendo palomitas desde la Edad de Piedra. Las tribus nativas americanas de Norte y Sudamérica no solo comían palomitas; también las usaban para crear hermosos tocados y collares. ¡Algunas culturas incluso creían que un pequeño espíritu vivía dentro de cada grano y escapaba en una bocanada de vapor cuando su casa se calentaba demasiado!
3Por Qué el Maíz Normal No Explota
Quizás te preguntes por qué el maíz que comes en la cena no se convierte en palomitas. ¡El secreto está en la variedad! Solo el "maíz palomero" tiene una cáscara lo suficientemente gruesa para atrapar el vapor. Si intentas hacer palomitas de maíz dulce o de campo, la cáscara es demasiado delgada o porosa, permitiendo que el vapor se escape lentamente como un neumático pinchado. Para una explosión perfecta, el grano necesita exactamente un 14% de humedad en su interior. Si está demasiado seco, no hay suficiente vapor para crear una explosión, ¡y si está demasiado húmedo, podrías terminar con una masa chiclosa y blanda en lugar de una nube crujiente.