1Los Mejores Marineros del Norte
Hace mucho tiempo, los vikingos eran los maestros del océano, y su arma secreta era el barco largo (o drakkar). ¡Estos barcos eran los Ferraris del mundo antiguo! La mayoría de los barcos largos tenían una enorme vela cuadrada hecha de lana pesada, que a veces se teñía de rojo brillante o se rayaba para parecer aún más intimidante. Cuando el viento era fuerte, estos barcos podían volar sobre el agua a velocidades de hasta 15 nudos, que son unos 28 kilómetros por hora. Puede que hoy no parezca muy rápido, pero hace 1,000 años, era la forma más veloz que existía para viajar por el mundo.
2Construidos para Doblarse, No para Romperse
Una de las cosas más asombrosas de un barco largo era cómo estaba ensamblado. Usando un estilo llamado "construcción a tingladillo" (clinker-built), los constructores de barcos vikingos superponían tablones de roble y los sujetaban con remaches de hierro. A diferencia de los barcos modernos que son muy rígidos, los barcos largos eran increíblemente flexibles. Cuando una ola gigante golpeaba el costado del barco en medio del Océano Atlántico, el casco en realidad se torcía y flexionaba en lugar de partirse. ¡Esta ingeniosa ingeniería permitió a los vikingos sobrevivir a tormentas aterradoras que habrían hundido barcos más pesados!
3Ríos, Playas y Nuevos Mundos
Los barcos largos no eran solo para el mar azul profundo; estaban diseñados para ir casi a cualquier parte. Debido a que tenían fondos muy poco profundos, solo necesitaban unos 90 centímetros de agua para flotar. Esto significaba que los vikingos podían navegar directamente por ríos estrechos hasta el corazón de países como Francia e Inglaterra. ¡Incluso podían arrastrar sus barcos directamente a las playas de arena sin necesidad de un puerto! Como los barcos eran simétricos —es decir, la proa se veía igual que la popa— los vikingos ni siquiera tenían que girar el barco para irse. Simplemente podían empezar a remar en la dirección opuesta para una huida rapidísima.