¿Alguna vez te has preguntado si puedes demostrar que algo es real aunque no puedas verlo?
En el siglo XIII, un hombre tranquilo llamado Tomás de Aquino dedicó su vida a construir un puente entre dos mundos: el mundo de la fe y el mundo de la razón. Creía que nuestra capacidad para pensar era un regalo que podía ayudarnos a comprender los misterios más profundos del universo.
Imagina que vives en Italia hace 800 años. El mundo está lleno de castillos de piedra enormes, calles estrechas y fangosas, y el tañido constante de las campanas de la iglesia. En este mundo, la mayoría de la gente creía que la única forma de encontrar la verdad era a través de libros sagrados y tradiciones antiguas.
Pero un joven llamado Tomás se hacía un tipo de pregunta diferente. No solo quería que le dijeran lo que era verdad: quería usar su propia mente para descubrir cómo funcionaba el mundo. Fue una época en la que el famoso pensador griego Aristóteles estaba siendo redescubierto en Europa, gracias al trabajo de eruditos como Ibn Sina.
Imagina una universidad en el año 1250. No hay computadoras ni libros impresos. Cada libro está escrito a mano sobre piel de animal. Los estudiantes viajan durante meses a lomos de caballos solo para escuchar hablar a un maestro famoso. ¡Las aulas están heladas y los estudiantes se sientan sobre paja en el suelo mientras toman notas con plumas y tinta!
Tomás nació en una familia rica que tenía grandes planes para él. Querían que se convirtiera en un líder poderoso en la iglesia, alguien que viviera en un rico monasterio y aconsejara a los reyes. Cuando Tomás les dijo que quería unirse a los Dominicos, un grupo de frailes que vivían sencillamente y dedicaban su tiempo a enseñar y viajar, su familia se molestó tanto que en realidad lo secuestraron.
Lo encerraron en la torre de un castillo durante más de un año para intentar cambiar su opinión. Pero Tomás no se rindió. Pasó el tiempo en la torre leyendo y pensando, hasta que finalmente escapó por una ventana para seguir su camino.
Finn says:
"Espera, ¿su propia familia lo secuestró solo por querer ser maestro? ¡Eso suena a película! Me pregunto si tuvo miedo o si simplemente siguió leyendo sus libros de todos modos."
El Buey Silencioso y la Verdad Ruidosa
Cuando Tomás finalmente llegó a la escuela en París y Colonia, era mucho más grande y callado que los otros estudiantes. Se sentaba en la parte de atrás del aula, escuchando atentamente pero rara vez diciendo una palabra. Sus compañeros de clase pensaron que era un poco lento y le pusieron un apodo cruel: el Buey Tonto.
Pero su maestro, un hombre sabio llamado Alberto Magno, vio algo diferente en el estudiante silencioso. Después de leer algunos de los escritos de Tomás, Alberto le dijo a la clase que, aunque lo llamaban buey tonto, un día su 'mugido' se escucharía por todo el mundo.
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Las cosas que amamos nos dicen lo que somos.
Tomás fue un practicante de la Escolástica, que era una forma de aprender que utilizaba la lógica y el debate para resolver problemas difíciles. En lugar de simplemente aceptar una respuesta, los escolásticos examinaban todos los argumentos posibles en contra de su idea antes de decidir si era cierta. Creían que si una idea era realmente sólida, podía resistir cualquier pregunta que se le lanzara.
La forma favorita de aprender de Tomás era a través del debate. Intenta esto con un amigo: Elijan un tema simple, como '¿Deberíamos tomar el postre antes de cenar?' Una persona tiene que argumentar 'Sí' y la otra 'No'. Luego, ¡cambien de lado! Tomás creía que no podías entender realmente tu propia opinión hasta que entendías las razones de la otra persona también.
Este método de cuestionar es la razón por la que los libros de Tomás son tan largos y detallados. Escribía una pregunta, como '¿Existe Dios?', y luego enumeraba todas las razones por las que alguien podría decir 'no'. Solo después de haber mirado el lado del 'no' de manera justa explicaba por qué pensaba que la respuesta era 'sí'.
Construyendo el Puente
Uno de los mayores acertijos que Tomás intentó resolver fue la relación entre la ciencia y la religión. En ese momento, muchas personas pensaban que tenías que elegir una o la otra. Si te fiabas de tus sentidos y tu lógica, pensaban que estabas ignorando tu corazón y tus creencias.
Tomás no estaba de acuerdo. Argumentó que hay dos 'libros' a través de los cuales podemos aprender sobre el mundo. Uno es el libro de las escrituras, que contiene historias y verdades espirituales. El otro es el libro de la naturaleza, que leemos usando nuestros ojos, oídos y cerebros.
Mira says:
"Es como si dijera que nuestros cerebros son una caja de herramientas. Tenemos 'Lógica' en un cajón y 'Asombro' en otro, y necesitamos ambos para construir algo grandioso."
Creía que, dado que ambos 'libros' provenían de la misma fuente, nunca podrían contradecirse realmente. Si la ciencia nos dice una cosa y nuestra creencia nos dice otra, Tomás pensaba que solo necesitábamos mirar más de cerca. Para él, la razón era como una escalera que podía ayudarnos a subir hacia verdades más elevadas.
El mundo es un misterio que solo podemos entender a través de la oración y las historias antiguas. La lógica podría alejarnos de la verdad.
El mundo es un lugar lógico. Dios nos dio cerebros para que podamos usarlos para estudiar la naturaleza, las matemáticas y la ciencia para encontrar la verdad.
Esta idea fue revolucionaria. Significaba que las personas podían estudiar biología, astronomía y física sin sentir que estaban haciendo algo incorrecto. Animaba a la gente a mirar las estrellas y la tierra y ver que valía la pena comprenderlas.
La Brújula Interna: La Ley Natural
Tomás también pensó mucho sobre cómo decidimos lo que es 'bueno' o 'malo'. Se le ocurrió una idea llamada Ley Natural. Creía que cada ser humano nace con una especie de 'luz de razón' interna que nos ayuda a comprender el bien y el mal básicos.
Piénsalo así: ¿Cómo te sientes cuando ves que alguien está siendo tratado injustamente? Podrías sentir un tirón en el pecho o una sensación de que 'así no deberían ser las cosas'. Tomás argumentó que este sentimiento no es solo un accidente: es parte de cómo los humanos están diseñados para funcionar.
Tomás de Aquino fue tan prolífico que a veces dictaba sus libros a cuatro secretarios a la vez. ¡Podía mantener cuatro argumentos complicados diferentes en su cabeza al mismo tiempo, moviéndose de uno a otro sin confundirse!
Creía que no siempre necesitamos un libro de reglas escrito para saber que debemos preservar la vida, aprender cosas nuevas y vivir en paz con los demás. Nuestra propia naturaleza nos señala esa dirección. Esta idea finalmente ayudó a dar lugar al concepto de Derechos Humanos, la creencia de que toda persona tiene valor solo por ser humana.
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Para el que tiene fe, no es necesaria ninguna explicación. Para el que no tiene fe, ninguna explicación es posible.
Las Cinco Vías
Tomás es muy famoso por sus 'Cinco Vías', que son cinco argumentos lógicos que escribió para demostrar que debe haber una 'Causa Primera' o un Creador. No quería que la gente creyera solo porque se lo decían: quería demostrar que tenía sentido lógico.
Uno de sus argumentos es sobre el movimiento. Notó que todo en el mundo se está moviendo o cambiando. Pero nada se mueve a sí mismo: una pelota no rueda a menos que alguien la patee, y una planta no crece a menos que el sol y el agua la activen. Argumentó que si rastreas todo el movimiento hasta el principio, debe haber algo que inició el primer movimiento.
Finn says:
"La idea de la 'Causa Primera' es como una hilera gigante de fichas de dominó. Si la primera cae, golpea a la siguiente, pero ¿quién empujó la primera ficha?"
Otro argumento era sobre el diseño. Observó lo perfectamente que funcionan juntas las cosas en la naturaleza, como la forma en que una abeja poliniza una flor o cómo cambian las estaciones. Para Tomás, el mundo parecía un reloj gigante y complejo, y si hay un reloj, debe haber un relojero.
Aunque fue una de las personas más inteligentes de la historia, Tomás era conocido por ser increíblemente humilde. Una vez dijo que todo lo que aprendió de los libros no era nada comparado con lo que aprendió simplemente siendo amable con los demás.
A Través de las Edades
El Final del Viaje
Cerca del final de su vida, Tomás tuvo una experiencia muy extraña. Mientras rezaba en Nápoles, de repente dejó de escribir. Estaba en medio de su libro más grande, la Summa Theologica, que tenía miles de páginas de argumentos.
Cuando sus amigos le preguntaron por qué se detuvo, les dijo que había visto algo tan maravilloso y vasto que toda su escritura le parecía 'paja' en comparación. Se dio cuenta de que por mucho que nuestras mentes pueden comprender, siempre hay un misterio aún más grande que nuestras palabras.
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La tristeza puede aliviarse con un buen sueño, un baño y una copa de vino.
Tomás de Aquino nos mostró que la curiosidad no es el enemigo de la creencia. Nos enseñó que cuanto más aprendemos sobre el mundo, más podemos apreciar lo increíble que es. Nos dejó con la idea de que nunca debemos tener miedo de preguntar 'por qué', porque la verdad es lo suficientemente grande como para manejar cualquier pregunta.
Algo para Pensar
Si tuvieras que construir un puente entre dos cosas que parecen opuestas (como 'diversión' y 'trabajo' o 'ciencia' y 'magia'), ¿cómo se vería ese puente?
Aquí no hay respuestas correctas o incorrectas. Tomás pasó toda su vida construyendo un puente entre pensar y creer: ¿qué mundos te gustaría conectar?
Preguntas sobre Filosofía
¿Era Tomás de Aquino un científico?
¿Por qué le llamaban 'Buey Tonto'?
¿Terminó su libro más famoso?
La Aventura de Pensar
Tomás de Aquino nos recuerda que ser inteligente no se trata solo de tener las respuestas correctas: se trata de tener el coraje de hacer las preguntas más difíciles. Ya sea que mires las estrellas o leas un libro antiguo, estás usando la misma 'luz de razón' que Tomás usó hace 800 años. ¡Sigue construyendo tus propios puentes!