¿Alguna vez has sentido un calor repentino que sube desde tu pecho hasta tu cara, haciendo que cierres los puños con fuerza?

Ese sentimiento es el enojo (o la rabia), una de las herramientas más antiguas y poderosas de la psique humana. Durante miles de años, filósofos y psicólogos han intentado comprender por qué nos enfadamos y qué debemos hacer con toda esa energía interna.

Imagina que estás en un mercado lleno de gente en la Antigua Roma. El aire huele a nueces tostadas y a polvo. Alguien choca contigo, derrama tu bebida y ni siquiera te pide perdón.

Sientes un chispazo de calor. Tu corazón late más rápido. Tu mandíbula se aprieta. Este sentimiento exacto le ha ocurrido a los seres humanos desde el principio de los tiempos.

Imagina esto
Una ilustración de un antiguo escultor con aspecto frustrado ante una pieza de mármol.

Imagina que eres un escultor en la Antigua Grecia. Estás intentando tallar una estatua hermosa, pero el mármol no para de agrietarse. Sientes el calor en tu cuello. Tus herramientas se sienten pesadas. ¿Lanzas el martillo o respiras hondo y buscas otra pieza de piedra?

En aquellas calles antiguas, un filósofo llamado Séneca observaba a la gente perder los estribos todos los días. Veía a mercaderes gritando y a soldados con la cara roja de furia. Séneca creía que el enojo era una elección que tomábamos cuando sentíamos que nos habían tratado de forma injusta.

Lo llamó una «breve locura» porque, durante unos instantes, la persona ya no tiene el control de su propia mente. Él pensaba que la mejor manera de lidiar con el enojo era detenerlo antes de que empezara.

Séneca

El enojo: una breve locura.

Séneca

Séneca fue un filósofo estoico romano que creía que el enojo era la más espantosa y frenética de todas las emociones. Escribió un libro entero sobre el tema para ayudar a su hermano a mantener la calma en el ajetreado y estresante mundo de la política romana.

Séneca vivió en un mundo donde mantener la calma se consideraba la mayor de las fortalezas. Esto formaba parte de una escuela de pensamiento llamada Estoicismo. Los estoicos creían que el mundo está lleno de cosas que no podemos controlar, como el clima o la grosería de los demás.

Mira

Mira says:

"Me gusta pensar que el enojo es como un pequeño guardaespaldas. Intenta protegerme, aunque a veces grite demasiado fuerte o se equivoque sobre lo que es peligroso."

Si dejamos que nuestro enojo explote, los estoicos pensaban que estábamos dejando que el mundo exterior ganara. Comparaban el enojo con un incendio en una casa: una vez que empieza, es muy difícil de apagar. Por eso, pasaban sus vidas construyendo «muros cortafuegos» mentales para mantener alejado el calor.

Pero, ¿es el enojo siempre algo malo? Si el fuego nos mantiene calientes o nos ayuda a cocinar, ¿sigue siendo peligroso?

¿Sabías que...?
Una ilustración sencilla que representa el sistema de alarma de un cerebro.

Cuando te enojas, una parte de tu cerebro llamada amígdala toma el mando. Actúa como un detector de humo, haciendo sonar una alarma que le dice a tu cuerpo que se prepare para el peligro. ¡Funciona mucho más rápido que la parte lógica de tu cerebro!

Hoy en día, los psicólogos ven el enojo de forma un poco diferente a como lo hacían los antiguos romanos. Lo ven como un mensajero. El enojo es la forma que tiene tu cerebro de decirte: «Esto no es justo», «Me están lastimando» o «Algo que me importa está en peligro».

El enojo es parte de nuestro instinto de supervivencia. Hace miles de años, si un animal hambriento intentaba robar la comida de un cazador, ese estallido de enojo le proporcionaba la energía necesaria para defenderse. Es un escudo protector que aparece cuando nos sentimos vulnerables.

Finn

Finn says:

"A veces mi rabia se siente como una bola de fuego física en mi estómago. Es raro pensar que mi cuerpo solo intenta darme energía para luchar contra un león, ¡aunque solo esté enfadado por un problema de matemáticas!"

Cuando te sientes enojado, tu cuerpo se está preparando para una batalla. Esto se llama la respuesta de lucha o huida. Tu cerebro envía una sustancia química llamada adrenalina a través de la sangre, lo que te hace sentir más fuerte y rápido por un corto tiempo.

Dos lados
La Visión del Volcán

Algunas personas creen que si estás enojado, debes «soltarlo todo» gritando o golpeando una almohada. Piensan que esto despeja el ambiente como una tormenta eléctrica.

La Visión Estoica

Otros creen que expresar el enojo solo hace que te vuelvas más experto en estar enojado. Piensan que es mejor esperar a que el sentimiento pase antes de hacer nada.

Esto nos lleva a un pensador muy importante llamado Donald Winnicott. Fue un médico que dedicó su vida a observar cómo crecen los niños y cómo manejan sus grandes sentimientos. Winnicott tenía una idea muy interesante sobre el enojo.

Él creía que cuando un niño se enoja, está poniendo a prueba el mundo que le rodea. Se pregunta: «¿Puedo ser así de ruidoso y estar así de furioso, y que me sigan queriendo? ¿Pueden las personas que me rodean aguantar mis grandes sentimientos sin desmoronarse?».

Donald Winnicott

La agresión del bebé es... una señal de vida.

Donald Winnicott

Winnicott fue un pediatra y psicoanalista que se dio cuenta de que los niños necesitan expresar su enojo para sentirse reales. Creía que estar «vivo» incluía estar enojado, y que los padres debían ayudar a los niños a contener esa energía en lugar de castigarlos por ella.

Winnicott hablaba de algo llamado ambiente de contención. No se trata solo de un abrazo físico, aunque eso ayuda. Es la idea de que los adultos a tu alrededor pueden sostener tu enojo de forma segura, como un cubo resistente sostiene el agua.

Cuando estás enojado, puedes sentir que estás rompiendo cosas o hiriendo a la gente con tus palabras. Winnicott creía que cuando las personas que amamos mantienen la calma y nos protegen mientras estamos furiosos, aprendemos que nuestro enojo no es lo suficientemente fuerte como para destruir el mundo.

Inténtalo

La próxima vez que sientas que sube ese calor rojo, intenta convertirte en un científico. En lugar de reaccionar, pregúntate: ¿Dónde está el calor exactamente? ¿En mis manos? ¿En mi cara? ¿En mi estómago? A veces, el simple hecho de describir el sentimiento hace que se sienta un poco menos mandón.

Esto nos lleva a otra idea de un pensador moderno llamado Adam Phillips. Él sugiere que a menudo nos enojamos porque estamos frustrados. La frustración ocurre cuando hay un espacio vacío entre lo que queremos y lo que realmente tenemos.

Adam Phillips

La frustración es una forma de descubrir qué es lo que realmente buscamos.

Adam Phillips

Adam Phillips es un psicólogo británico moderno que explora las partes complicadas de ser humano. Sugiere que si no nos frustráramos, no sabríamos qué queremos o qué nos apasiona.

Phillips piensa que, en lugar de intentar deshacernos del enojo, deberíamos sentir curiosidad por él. Si estamos frustrados porque no podemos terminar un rompecabezas, el enojo nos está diciendo cuánto deseamos tener éxito. El enojo es un mapa que señala las cosas que nos importan.

El enojo a través de los tiempos

Antigua Roma (año 60 d.C.)
Séneca enseña que el enojo es una peligrosa «breve locura» que debemos intentar evitar por completo practicando la lógica.
La Edad Media (años 1300)
El enojo se ve a menudo como un «pecado» o un fallo moral, algo de lo que se le dice a la gente que debería avergonzarse.
Época Victoriana (años 1800)
A muchas personas se les enseña a esconder sus emociones tras una «cara seria», fingiendo que nunca se sienten enojadas.
Actualidad (Hoy)
Reconocemos el enojo como una emoción natural que nos avisa de que algo va mal. Nos enfocamos en cómo «contenerlo» y comprenderlo de forma segura.

A veces, el enojo es como un iceberg. En la superficie, todo el mundo ve el hielo afilado y frío del berrinche o los gritos. Pero bajo el agua, hay una masa mucho mayor de otros sentimientos.

Imagina esto
Una ilustración de un iceberg con la punta roja y una base azul profundo.

Imagina un iceberg gigante flotando en el océano. La pequeña parte que ves sobre el agua tiene la etiqueta «Enojo». En lo profundo del agua están las partes mucho más grandes llamadas «Miedo», «Tristeza», «Cansancio» y «Vergüenza».

Puede que estés enojado porque en realidad sientes tristeza o vergüenza. Quizás estás cansado, o tienes hambre, o te sientes solo. Como el enojo se siente poderoso, a menudo es más fácil mostrarlo que mostrar los sentimientos más suaves que nos hacen sentir pequeñitos.

Mira

Mira says:

"Cuando pido perdón después de haberme enojado, no significa que estuviera mal sentir rabia. Solo significa que me importa más la otra persona que el incendio."

Aprender a vivir con el enojo no significa no enfadarse nunca. Significa aprender a reconocer el calor antes de que se convierta en un incendio forestal. Significa encontrar una forma de decir: «Me siento muy enojado ahora mismo», en lugar de lanzar un zapato.

Los psicólogos llaman a esto regulación emocional. Es la capacidad de sentir la gran energía del enojo sin dejar que sea él quien conduzca el coche. Tú eres el conductor: el enojo es solo un pasajero muy ruidoso en el asiento de atrás.

Algo para Pensar

¿Puedes recordar alguna vez en la que tu enojo fuera realmente un ayudante?

Tal vez te ayudó a defender a un amigo, o te dio la energía para intentar de nuevo una tarea difícil. No hay respuestas correctas o incorrectas, solo tu propia historia.

Cuando el fuego finalmente se enfría, suele quedar una sensación de mucho cansancio. Este es el momento de la reparación. Reparar es lo que hacemos para arreglar las cosas que pudieron haberse golpeado o lastimado mientras estábamos enojados.

Reparar una relación después de una discusión es una de las habilidades más importantes que una persona puede aprender. Demuestra que la conexión entre dos personas es más fuerte que la locura temporal de un momento. El enojo viene y va, pero la seguridad que construimos juntos puede durar toda la vida.

Preguntas sobre Psicología

¿Es malo estar enojado?
Para nada. El enojo es una emoción humana natural que todo el mundo siente. Es una señal de que algo te importa o de que sientes que algo es injusto. El objetivo no es dejar de estar enojado, sino aprender a escuchar lo que el enojo intenta decirte.
¿Cómo puedo dejar de estar enojado tan rápido?
Los sentimientos son como el clima: no puedes hacer que se detengan, pero puedes esperar a que pasen. Respirar profundamente ayuda a decirle al «detector de humo» de tu cerebro (la amígdala) que en realidad estás a salvo, lo que permite que el calor se enfríe de forma natural.
¿Qué pasa si digo algo feo cuando estoy enfadado?
A todo el mundo le pasa a veces porque la parte «lógica» del cerebro se desconecta durante un gran enojo. Lo más importante es la «reparación» posterior. Pedir perdón y explicar cómo te sentías ayuda a arreglar la relación una vez que vuelves a estar en calma.

La fuerza en la tormenta

Entender tu enojo es como aprender a navegar un barco. No puedes controlar el viento, pero puedes aprender a mover tus velas. Al sentir curiosidad por tus sentimientos y encontrar formas seguras de contenerlos, te conviertes en el capitán de tu propio océano interno.