¿Alguna vez te has preguntado cómo podemos estar tan seguros de cosas que no podemos ver, tocar ni medir con una regla?
Esa sensación silenciosa de certeza es lo que llamamos fe, una poderosa herramienta humana que actúa como un puente entre lo que sabemos y lo que esperamos. Es mucho más que una idea religiosa: es una forma de confiar en el mundo y en nuestro lugar dentro de las partes desconocidas del futuro.
Imagina que estás al borde de un cañón profundo y lleno de niebla. No puedes ver el fondo y, desde luego, no puedes ver el otro lado.
Sin embargo, te han dicho que hay un camino para seguir adelante. Dar ese primer paso hacia la bruma requiere algo más que la vista: requiere un tipo específico de convicción interna.
Imagina que eres una semillita enterrada profundamente bajo la tierra fría y oscura en enero. No puedes ver el sol. No puedes sentir el calor de la primavera. Sin embargo, en lo más profundo de tu cáscara, tienes el plano para convertirte en un roble gigante. Plantar un jardín es un acto de fe: confías en que la tierra y la lluvia hagan su trabajo mientras la vida dentro de la semilla espera su momento.
Durante miles de años, los seres humanos han usado la palabra fe para describir este sentimiento. Es el motor que impulsa a las personas a sembrar semillas en invierno, con la esperanza de una cosecha que aún no pueden ver.
También es la razón por la que los exploradores navegaban por los océanos sin mapas, confiando en que el horizonte acabaría revelando tierra firme.
Las raíces de la confianza: Pistis y Fides
Para entender la fe, tenemos que viajar a la Antigua Grecia. Los griegos tenían una palabra llamada pistis, que significaba más que simplemente creer un cuento.
Significaba estar tan convencido de algo que estabas dispuesto a actuar en consecuencia. Se trataba de la persuasión y de la relación entre dos personas que confían profundamente la una en la otra.
Finn says:
"¿Y si la fe fuera como un superpoder que te permite ver a través de las paredes? No paredes de verdad, sino las paredes del 'ahora mismo' y el 'aquí mismo'."
Cuando los romanos tomaron estas ideas, usaron la palabra fides. De aquí proviene nuestra palabra 'fidelidad', que significa ser leal o fiel a una promesa.
En Roma, la fe era como un contrato legal que hacías con tu corazón. No era solo un sentimiento difuso: era un compromiso sólido de permanecer fiel a una persona, a un dios o a una idea, incluso cuando las cosas se ponían difíciles.
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La fe es la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.
Esta versión antigua de la fe funcionaba como un pegamento social. Era el hilo invisible que mantenía unidos a las familias, los ejércitos y las ciudades porque todos aceptaban confiar en los mismos valores invisibles.
Mucho más que saber
Hay una gran diferencia entre el conocimiento y la fe. El conocimiento es lo que tienes cuando cuentas cinco manzanas en una cesta: puedes verlas y cualquier otra persona también puede contarlas.
La fe comienza donde termina tu cuenta. Es la parte de tu mente que se encarga del 'tal vez' y del 'todavía no' de la vida.
El conocimiento es como un mapa. Te muestra exactamente dónde están las carreteras y qué distancia hay hasta el siguiente pueblo. Se basa en lo que podemos probar y medir.
La fe es como la brújula. No te muestra el camino, pero te dice en qué dirección caminar. Se basa en un sentimiento de hacia dónde estás destinado a ir.
Piensa en una amistad. Puedes tener el conocimiento de que tu amigo ha sido amable contigo durante tres años.
Pero tienes fe en que seguirá siendo tu amigo el año que viene. No puedes probar el futuro, pero actúas como si esa amistad fuera un hecho sólido.
Mira says:
"Es como cuando estoy aprendiendo una canción difícil en el piano. Tengo fe en que mis dedos acabarán aprendiendo las notas, aunque hoy todavía cometa errores."
Los filósofos a menudo describen esto como una forma de 'ver' con la mente en lugar de con los ojos. Es una intuición de que el universo tiene sentido, incluso cuando parece desordenado o confuso.
El gran salto
En el siglo XIX, un pensador llamado Søren Kierkegaard reflexionó mucho sobre lo aterradora que puede sentirse la fe. Vivía en Dinamarca y era famoso por ser muy reflexivo y un poco solitario.
Él argumentaba que la fe no es un sillón cómodo en el que te sientas. En cambio, la llamó un salto.
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Si fuera capaz de comprender a Dios objetivamente, no creería; pero precisamente porque no puedo hacerlo, debo creer.
Kierkegaard creía que si tuvieras una prueba al 100 por ciento de algo, ya no necesitarías la fe. La fe solo existe cuando hay un riesgo.
Es la valentía de decir: "No tengo todas las respuestas, pero voy a seguir adelante de todos modos". Este salto es lo que hace que la fe se sienta tan viva y, a veces, un poco eléctrica.
La próxima vez que vayas al parque, observa a la gente a tu alrededor. Fíjate en cómo todos asumen que el suelo seguirá firme bajo sus pies. ¡Tenemos fe en las leyes de la física a cada segundo! Intenta pararte sobre una pierna y cerrar los ojos. Estás confiando en tu sentido interno del equilibrio para mantenerte erguido. Ese sentido 'invisible' se parece mucho a cómo funciona la fe en nuestra mente.
Esta idea cambió la forma en que las personas pensaban sobre su vida interior. Significaba que dudar o no estar seguro no era lo opuesto a la fe: en realidad, la duda era una parte necesaria de ella.
Si no estás un poco nervioso por el salto, ¿es realmente un salto? Kierkegaard sugería que la lucha misma es lo que hace que el espíritu de una persona se fortalezca.
La fe a través de los tiempos
La forma en que hablamos de la fe ha ido cambiando a medida que el mundo se transformaba. En diferentes épocas, los humanos se han apoyado en la fe por distintas razones.
La fe a través de los tiempos
En la Edad Media, la fe se veía a menudo como una compañera de la razón. Personas como Tomás de Aquino creían que tu cerebro podía llevarte a mitad de camino hacia la verdad, y que la fe te llevaría el resto del camino.
Más tarde, durante la Ilustración, algunas personas empezaron a pensar que la fe y la ciencia eran enemigas. Pero muchos científicos argumentaron que incluso la ciencia requiere un tipo de fe: la confianza de que las leyes de la gravedad funcionarán igual mañana que hoy.
Vivir con lo invisible
Muchas de las cosas más importantes de la vida son intangibles, lo que significa que no podemos tocarlas. Piensa en la justicia, el amor o la valentía.
No podemos poner un trozo de 'valentía' bajo un microscopio. Solo la vemos cuando alguien actúa con valor. La fe funciona de manera similar.
Finn says:
"Me pregunto si los exploradores tenían miedo cuando perdían de vista la costa. ¿Tuvieron que elegir tener fe, o el sentimiento simplemente apareció?"
Es una forma de reconocer que el mundo es mucho más grande de lo que podemos ver. Nos permite aferrarnos a una visión de un mundo mejor, incluso cuando el mundo a nuestro alrededor parece oscuro.
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La fe es dar el primer paso incluso cuando no ves toda la escalera.
Es por eso que la fe se conecta tan a menudo con la esperanza. Mientras que la esperanza es el deseo de que algo bueno suceda, la fe es la confianza profunda de que hay un propósito o un camino, incluso si actualmente caminamos por la oscuridad.
El misterio de no saber
Una de las cosas más interesantes de la fe es que no ofrece respuestas perfectas y ordenadas. En cambio, nos invita a sentirnos cómodos con el misterio.
Psicólogos como Donald Winnicott sugirieron que los humanos necesitamos 'espacios transicionales', lugares en nuestra mente donde podemos jugar con las ideas sin necesidad de que se demuestre que son verdaderas de inmediato.
En el mundo de la ciencia, existe algo llamado el 'Efecto Placebo'. A veces, si una persona tiene una fe profunda en que una medicina funcionará, ¡su cuerpo realmente comienza a sanar por sí solo, incluso si la medicina era solo una pastilla de azúcar! Esto demuestra que nuestros pensamientos y nuestra confianza tienen un poder físico sobre nuestro cuerpo que los científicos aún intentan comprender por completo.
La fe puede ser uno de esos espacios. Es un lugar donde puedes preguntarte sobre el inicio del universo o qué pasa después de morir sin sentir que tienes que aprobar un examen.
Nos permite ser curiosos. Nos da permiso para decir: "No lo sé, pero siento que hay algo más".
La palabra latina para la fe, 'fides', es la razón por la que en muchos lugares se llama a los perros 'Fido'. Era un nombre popular porque los perros son famosos por su lealtad y confianza en sus compañeros humanos. Cuando un perro espera junto a la puerta a que vuelvas a casa, ¡está practicando una forma de fe!
Ya sea fe en un poder superior, fe en la humanidad o fe en ti mismo, este sentimiento nos ayuda a seguir adelante. Es la luz que llevamos cuando se pone el sol.
Algo para Pensar
¿Qué es aquello en tu vida que no puedes ver, pero de lo que estás seguro que existe?
Aquí no hay respuestas correctas o incorrectas. Algunos dirán 'el amor', otros 'el viento' y algunos dirán 'el mañana'. Solo fíjate en qué se siente al estar seguro de algo que es invisible.
Preguntas sobre Religión
¿Es la fe lo mismo que ser religioso?
¿Puede la fe ser algo malo?
¿Cuál es la diferencia entre la fe y un deseo?
La luz en la niebla
La fe no consiste en tener todas las respuestas. Se trata del valor de seguir haciendo preguntas mientras caminas hacia adelante. Ya sea que mires a las estrellas o mires dentro de tu propio corazón, tener fe es una forma de decir que el misterio de la vida es algo para explorar, no para temer. Es la mano firme en el pasamanos cuando caminas a oscuras.